En el corazón de Madrid, el Museo Sorolla ocupa la casa-estudio que Joaquín Sorolla (1863–1923) mandó construir entre 1910 y 1911 y donde vivió con su familia desde 1911; un lugar concebido para la pintura y para la luz, que el Estado aceptó como museo en 1931 y abrió al público en 1932. En este contexto doméstico y, a la vez, museístico —jardines, patio andaluz y salas históricas—, el rigor de la conservación preventiva resulta determinante para sostener la experiencia estética sin comprometer la materialidad de las piezas. El Taller de Restauración El Barco desarrolló el servicio de mantenimiento de conservación preventiva de las colecciones del Museo Sorolla centrado en limpiezas periódicas en seco mediante aspiración controlada con regulación de intensidad, y con ayuda de pinceles, brochas de pelo fino y plumeros sintéticos atrapa-polvo; por necesidades expositivas, se ajustó el plan con dos limpiezas más profundas al inicio y una actuación selectiva sobre los elementos con mayor acumulación de polvo, además de la limpieza de la sala de exposiciones del piso superior.