En el entorno natural de El Pardo, el Palacio de la Zarzuela nació como pabellón de caza del siglo XVII: una “villa” suburbana de traza sobria, proyectada e iniciada por Juan Gómez de Mora por encargo del cardenal-infante don Fernando, ejemplo refinado de arquitectura cortesana madrileña. Tras episodios de deterioro y destrucción en el siglo XX, su reconstrucción quedó vinculada al proyecto de Diego Méndez, reactivado en los años sesenta para adecuarlo como residencia ligada a la Jefatura del Estado. En este marco institucional, Patrimonio Nacional tutela y conserva los bienes muebles asociados a los Reales Sitios y a su actividad representativa. La intervención —restauración de dos mesas de oficina en chapa de nogal, con tapete de cuero sintético— se ejecutó para Patrimonio Nacional. El estado previo presentaba roturas en frentes de cajón, barnices oxidados y pasmados, deterioro del tapete y golpes en el chapado. Ya en taller, se realizó desmontaje y lijado mecánico con distintas granulometrías para eliminar barnices alterados y atenuar marcas; se abordó reparación estructural mediante encolado por detección de movimientos; y una reintegración volumétrica en un perfil de cajón con madera de nogal, seguida de igualado cromático con tintes al agua. El cierre se resolvió con barniz acrílico satinado (3 manos) y sustitución del tapete por otro equivalente, fijado con cola de contacto, concluyendo con montaje y reinstalación en su ubicación.